Después de haber dormido tan a menudo
con mi soledad,
la he convertido en casi una amiga,
una dulce costumbre
que no se aleja de mí.
Fiel como una sombra,
me ha seguido aquí y allá,
a las cuatro esquinas del mundo.
No, nunca estoy sola
con mi soledad.
Cuando está en el vacío de mi cama
ella ocupa todo el espacio.
Así pasamos largas noches
cara a cara los dos.
No sé exactamente hasta dónde
irá esta complicidad.
Tendré que acostumbrarme
o abandonarla.
No, nunca estoy sola
con mi soledad.
Por ella he aprendido tanto
como lágrimas he derramado.
Si alguna vez la rechazo
ella nunca se da por vencida.
Y aunque yo prefiera el amor de otro,
ella será en mi último día
mi última compañera.
No, nunca estoy sola
con mi soledad.
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